Me dicen el clandestino

Hace un tiempito fuimos a conocer Clandestino Buenos Aires una parrilla a puertas cerradas en el barrio de Palermo. Me tome unos días para pensar bien este posteo porque el lugar alterno buenas y malas.
Tocamos el timbre, damos la contraseña y nos metemos por un largo pasillo decorado con velas que le da un toque más de misterio a todo.
Quienes me siguen saben que si hay algo que me gusta mucho son las parrillas, el fuego y la carne a las brasas. Por eso cuando ví algunas publicaciones sobre este lugar me llamo la atención.
Termina el pasillo y la primer sorpresa negativa de la noche, la mesa era en un patio y la noche estaba bastante fresca. Quizás fue mi error por no mirar bien en detalle el lugar antes de ir o quizás de ellos por no comunicarlo previamente. Lo dejo a criterio de cada uno. Aclaro qué hay una especie de pie calefactor pero a nosotros que nos estamos poniendo viejos y chotos no nos gusta mucho la idea de comer con frío. En verano seguro la rompe ese patio. 

Vamos a lo más importante, el morfi. La carta es corta pero tiene todo lo que necesitamos de una parrilla y alguna que otra cosita más. 
Arrancamos con mollejas, morcilla y provoleta. Las mollejas impecables, la morcilla siempre acompaña y la provoleta estaba muy bien.
En cuanto a los principales, ofrecen 3 cortes que clasifican como res, caza y mar. Lamentablemente mar no tenían lo que generó otra decepción en la mesa pero que suplimos con un buen bife de chorizo y un ojo de bife. 
Lo mejor, el bife de chorizo. 

Sensaciones agridulces, si hubiese conocido este lugar en enero posiblemente me hubiese gustado muchísimo más. El ambiente es relajado, atentos a lo que necesites y la comida es correcta. 
Volveré? No lo sé, pero para una linda noche de verano seguramente lo tendré como opción porque no tengo dudas que cambiaría totalmente mi perspectiva del lugar.

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